PARTERAS, UNA BIENVENIDA CON AMOR

En zonas como el Chocó, en donde a muchos poblados solo se llega por canoas, barcos o en el mejor de los casos por avión, la vida humana a veces parece un milagro.


Bahía Solano por ejemplo, puede ser muestra de esa afirmación, porque cada vez son menos las mujeres que dan a luz aquí. Y no precisamente porque no queden embarazadas, sino porque prefieren no correr tantos riesgos y deciden viajar a ciudades como Quibdó (la capital del Chocó) o Medellín, por mencionar las más cercanas, para garantizar una mejor atención en salud y evitar complicaciones en sus alumbramientos.


Sin embargo, la nueva vida va ligada directamente a las condiciones geográficas, económicas o incluso de tiempo, lo que se vuelve decisivo en tantos poblados aislados entre la selva y el océano Pacífico, en los que la gente en la mayoría de los casos no cuenta con los recursos para trasladarse hasta un centro urbano donde haya un hospital.


Aquí es donde entra Luz Amparo Cuesta, una mujer de 44 años, oriunda de Bahía Solano y habitante del tradicional barrio Onetty, quien desde hace 2 años decidió definitivamente que su vocación era la de ayudar a traer vida a este planeta. Ella, aprendió el camino de la partería, de la mano de su suegra Teodora Medina, una de las más reconocidas parteras del Pacífico norte chocoano, quien ha sido su maestra y guía en este oficio.


Conocimiento ancestral

Desde octubre de 2016, cuando los saberes de la partería tradicional del Pacífico Colombiano fueron declarados como patrimonio cultural inmaterial de la Nación, esta actividad ha venido ganando el respeto que se merece, pues pese a que quienes lo ejercen no estudiaron medicina, estas mujeres, y también algunos hombres, son en muchos casos la única atención que tienen cientos de neonatos que llegan al mundo en camas humildes, en caseríos junto a los ríos, en el campo o en casas apartadas en las montañas.

Pero decir que solo esa es la razón por la que mujeres tienen a sus bebés con parteras, sería mentira. Además, muchas, como Luz Amparo lo cuenta, temen ser atendidas en un hospital, tener sus hijos en una camilla así nada más, o simplemente prefieren ese momento íntimo y tranquilo en el calor del hogar.

"Es que cuando tienen un parto con partera, es un momento más humanizado porque la partera está pendiente, se tiene más confianza y más afinidad y por eso, hay unas que le dicen a uno que quieren que usted la atienda cuando tenga los dolores" y así queda pactado.

Cuando el anhelado momento llega, generalmente, las parteras son mandadas a traer hasta las casas donde está la "parturienta", como la llama Luz Amparo. Allí, lo primero es encomendarse a Dios para que todo salga muy bien, manifiesta al tiempo que reconoce que es una gran responsabilidad y aunque ha aprendido mucho, el hecho de que esta actividad tenga un valor cultural patrimonial, ha significado que cada vez haya más oportunidades de capacitación.

De hecho, Cuesta espera el momento en que algún día pueda acompañar a un médico en la sala de partos y estar en ese proceso. Precisamente, ella sabe que ser partero no es solo decir que se es sino tener la vocación de serlo, como las 5 mujeres que actualmente están aprendiendo esta tradición y que esperan unirse a los otros 23 parteros que hay en el municipio.

La partería es una vocación, reitera. Por ejemplo, entre los 23, hay tres hombres parteros, de los cuales dos son indígenas y uno afro, y si bien su llegada a la partería en muchos casos es por necesidad, ya que algunos han tenido que recibir los hijos de sus mujeres e hijas por estar en zonas alejadas, siguen haciéndolo y mejorando sus técnicas y rituales de parterías.

Esa es la diferencia para muchos. No es solo un bebé más, y la humanización va desde hablarle con cariño y comprensión a la mujer, hasta quedarse un tiempo más después del parto para vigilar que todo está bien, monitoreando algún sangrado, que no haya coágulos en el caso de las madres, o flemas que pueden ahogar al recién nacido, explica.

Aunque en su record personal, Luz Amparo cuenta "apenas" con 6 partos asistidos, ella, una mujer bien pila e interesada en el tema, es ahora la coordinadora municipal de las parteras y parteros que hay en Bahía Solano y que pertenecen a la Asociación de la Red Interétnica de parteros y parteras de Chocó, que precisamente realizó a principios de noviembre el XV Encuentro Departamental en Unguía.

Allí, como representante de sus compañeros, estuvo con otros 30 delegados de todo el Chocó, capacitándose con un médico y un ginecólogo que brindaron sus conocimientos sobre temas como el de los cuidados durante y después del parto, la atención al bebé y nociones de un parto limpio, entre otros aspectos, la muestra de que la medicina puede tener en los parteros un gran aliado para evitar muertes maternas o perinatales.

Aún así, ella resalta que a no ser que se trate de una emergencia, por lo general, no atienden a mujeres primerizas , más, cuando son muy menores (de menos de 15 años) y el riesgo es más alto.

De todas maneras, estas mujeres y hombres siguen allí, ahora con más apoyo de organizaciones y del mismo Estado, que por lo menos, han entendido que más que ir en contra de la medicina, los y las parteras pueden ser ese complemento ideal.


Por: Mónica Escobar



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